¿Por qué te preocupan los parabenos?

En el mercado nos encontramos con productos cosméticos “sin parabenos”: champús, desodorantes, maquillajes, cremas solares, etc. Y también encontramos productos que sí los llevan.
¿Qué son los parabenos? ¿Debemos preocuparnos por ellos?
¿En qué me debo fijar para comprar cosméticos seguros?

Te lo cuento en el siguiente vídeo:

¿Por qué te preocupan los parabenos?

Hacen falta dos para un delirio

Innovación, cine y ciencia ficciónExisten muchas teorías acerca de cómo saber si estamos o no frente a un relato de ciencia-ficción.

Si me lo permitís, yo os voy a confiar un método que nunca me ha fallado. Y en el que, por tanto, creo: si la protagonista del relato es una idea, de modo que los personajes que intervienen están al servicio de la ella y no al contrario, para mí eso es ciencia-ficción.

Normalmente, el relato de CF se desarrolla siguiendo este esquema:

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Las (otras) falsas medicinas anticáncer

Les voy a contar una historia que no conocen.

Había una vez una empresa en las Islas Baleares que se dedicaba a la fabricación y venta de supuestos medicamentos para tratar enfermedades tan graves como el cáncer. Y no era una empresa cualquiera, no: sus vínculos llegaban incluso hasta la Universidad de las Islas Baleares, y se las había arreglado para conseguir diversas subvenciones de organismos públicos.

Pero el hecho de que mamase de la teta de las subvenciones no servía para abaratar sus productos: sus “tratamientos” contra el cáncer, por ejemplo, cuestan varios centenares de euros al mes, y su administración puede prolongarse durante años. De hecho, durante los años que el paciente viva, siga picando y pueda permitirse desembolsar esa pasta, porque por supuesto no hay la más mínima evidencia científica de que funcionen.

¿Y cómo pueden permitir eso las autoridades sanitarias?, se preguntarán ustedes. Pues la respuesta es que no lo permiten: esos productos no han sido autorizados como medicamentos, y su venta es ilegal. Pero, ojo, que no estén permitidos no quiere decir que no hayan sido tolerados: lo cierto es que los productos se han estado vendiendo bajo las metafóricas narices de la Agencia de Medicamentos durante años y años. Y hasta donde yo sé, a la empresa aún no le ha caído ni una multa por la venta de supuestos medicamentos sin haber obtenido previamente su autorización y registro o por incumplimiento de la normativa sobre publicidad sanitaria.

Y ahí siguen.

Y colorín, colorado…

¿Cómo? ¿Qué dicen ustedes? ¿Que ya no siguen? ¿Que les han desmontado el chiringuito y han detenido a los responsables? Continúa leyendo Las (otras) falsas medicinas anticáncer

El Ayuntamiento de Yecla: antivacunas y reincidente

Los efectos de los grupos antivacunas están, desgraciadamente, muy claros, pero no tanto las causas que hacen que muchos padres pongan en peligro a sus hijos (y a los de los demás). Quizá no sea tanto la incultura como el olvido de esas enfermedades que ya no vemos gracias, precisamente, a las vacunas. Y también influyen, por supuesto, factores tan frívolos como las modas o la irresponsabilidad de algunos famosos.

Pero, en cualquier caso, lo que sí parece evidente es que la propaganda juega un papel fundamental, y por eso resulta tan importante que desde los organismos públicos se intente contrarrestar.

O, al menos, que Continúa leyendo El Ayuntamiento de Yecla: antivacunas y reincidente

El médico que curaba metiendo agua por el culo

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El contexto

Hace unas semanas, un periódico se hacía la siguiente pregunta: ¿son unos delincuentes los homeópatas y acupuntores? [1] Ese artículo venía a colación de la proposición no de Ley que se realizó recientemente en el parlamento, de que los médicos denuncien a otros médicos si recetan terapias no probadas científicamente [2]. El artículo también contaba algunas cuestiones referentes al contexto que ha originado la situación, y de dos reuniones que tuvo recientemente  Jesús Mª Fernández, portavoz de Sanidad del PSOE, con dos grupos: primero con la Asociación Para Proteger al Enfermo de Terapias Pseudocientíficas (APETP) y, un poco después, con la Asociación Española de Médicos Naturistas.

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No más pseudociencias en espacios públicos. Sin excusas.

¿Es válida la excusa de la libertad de expresión, que sólo se trata de la cesión de un espacio, que la salud es una cuestión de libertad individual? Estos y otros argumentos son los que se esgrimen en favor de la cesión de espacios públicos para la celebración de actos de propaganda de las pseudociencias.

Además de ser unos argumentos erróneos y populistas, entrañan gravísimos peligros para la salud pública. En este vídeo encontrarás las razones.

No más pseudociencias en espacios públicos. Sin excusas.

Ciencia, pseudociencia y una niña

Una de las pseudoterapias que más se están extendiendo últimamente es el reiki, esa práctica “milenaria” que inventó un monje japonés allá por los años 1920, y que se está abriendo paso incluso como tratamiento “complementario” en la sanidad pública, quizá porque es tan obvio que no sirve para nada que también parece evidente que no va a hacer nada malo. Por otra parte, eso de que haya por ahí una supuesta energíavital se ajusta tan bien a la disparatada “perturbación del campo energético” que hasta hace poco reconocía la NANDA que es inevitable que la idea de manipularla haya atraído a numerosos profesionales de la enfermería, más deseosos de guiarse por cuentos de hadas que por la realidad.

Ejemplo de manipulación de la energía vital.
Ejemplo de manipulación de la energía vital. | Son Goku lanzando un ataque “Onda Vital”.

Pero no crean que esta situación es nueva: si retrocedemos un par de décadas, lo que estaba de moda (por parecidas razones) no era el reiki, sino el “toque terapéutico”, una pseudoterapia prácticamente indistinguible. Al igual que el reiki, el toque terapéutico estipula que existe un “campo energético” en los seres vivos que puede ser manipulado y modificado.

Y que, por tanto, puede ser percibido.

Eso es lo que llamó la atención, allá por 1996, de una niña llamada Emily Rosa. Emily, que entonces tenía nueve años, diseñó un sencillo experimento para comprobar si esto era cierto. Los voluntarios (que aseguraban ser capaces de percibir ese “campo energético”) se colocaban frente a una mesa, con los brazos extendidos y las manos hacia arriba, separadas unos 30 cm; una pantalla construida con cartón y una toalla ocultaba esa zona de su vista. A continuación Emily lanzaba una moneda al aire para seleccionar una de las manos del voluntario, y le acercaba su propia mano derecha. Los voluntarios debían detectar el “campo energético” de Emily y así determinar a cuál de sus manos había acercado Emily la suya. Cada voluntario realizaba diez de estas pruebas.

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De este modo se realizaron dos series, entre 1996 y 1997, con un total de 21 voluntarios (19 mujeres y dos hombres) que realizaron un total de 280 intentos (ya que siete de los voluntarios repitieron).

Con unos resultados… bueno, más bien discretos: a pesar de que todos los voluntarios practicaban el toque terapéutico y aseguraban ser capaces de detectar el dichoso campo, lo cierto es que ni siquiera llegaron al 50% de aciertos.

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Tabla y análisis estadístico de los resultados. Esta imagen y la anterior han sido obtenidas del artículo de JAMA al que se hace referencia en la entrada. | Tabla y análisis estadístico de los resultados.

De este modo Emily Rosa consiguió dos cosas: desbaratar definitivamente las creencias sobre “campos energéticos” y también convertirse en la persona más joven que ha firmado jamás un artículo científico, ya que sus resultados fueron publicados en el número del 1 de abril de 1998 nada menos que en Journal of American Medical Association (JAMA). El artículo, firmado por la propia Emily junto con su madre Linda, Larry Sarner y Stephen Barrett lleva por título A Close Look at Therapeutic Touch.

Emily Rosa realizando su experimento. Imagen tomada de este vídeo.
Emily Rosa realizando su experimento. Imagen tomada de este vídeo.

Y si a Emily le sirvió para dos cosas, a mí también. Por un lado me permite recordar una premisa básica que a menudo se olvida en la investigación sobre pseudociencias: antes de dedicar recursos y esfuerzos a comprobar si una técnica “funciona” sería conveniente comprobar algo tan sencillo como su plausibilidad. Si antes de embarcarse en un caro ensayo clínico sobre el reiki que al final ofrecerá los mismos resultados dudosos de siempre, los experimentadores dedicaran un ratito a comprobar si los practicantes de esa pseudoterapia son de verdad capaces de detectar esa energía que dicen manejar, los investigadores y los enfermos se ahorrarían esa pérdida de tiempo y los responsables de los centros se ahorrarían la pérdida de recursos económicos y de prestigio científico. Y para ello bastaría con aplicar el mismo método y el mismo sentido común que demostró aquella niña de nueve años.

Y, por otro lado, me permite recordar que hoy es 11 de febrero, que celebramos el día internacional de la mujer y la niña en la ciencia, y que no tendríamos que hacerlo: nuestra sociedad no puede permitirse el lujo de que el talento y la inteligencia de la mitad de los seres humanos se pierda en las trabas que aún encuentran las mujeres para dedicarse a actividades científicas, técnicas o divulgativas. Es un derroche.

Pero, sobre todo, es una injusticia.

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