El Mito vegetariano. Activismo disfrazado de ciencia.

La vida es muy corta, y el secreto de la felicidad es pasar el mayor tiempo posible haciendo cosas que te gustan. Ese es el motivo por el que no suelo molestarme en ver documentales como “El Mundo según Monsanto” o leer libros como “Mis recetas anticáncer”. Si he leído alguna entrevista con las autoras y veo que lo que dicen no hay por donde cogerlo o que son auténticas magufadas, pues pierdo todo el interés en leer su obra, aunque sea para reseñarla. Me motiva mucho más leer libros o ver documentales que me aporten algo o de los que pueda aprender algo. Si seguís este blog, veréis que este año he leído muchos libros y algunos de ellos muy buenos. Me facilita mucho las cosas que algunas editoriales me envíen libros precisamente para que los reseñe, y en general, la selección que hacen es bastante buena. Voy a hacer una excepción y hoy voy a reseñar “El mito vegetariano

¿Por qué me lo he leído? Me lo ha regalado un buen amigo, periodista, y me ha pedido que lo lea y le diga si vale la pena. A él se lo enviaron para hacer la reseña, pero le dio mala espina. Para que me entendáis, una vez por un amigo fui a cuarto milenio, pues eso. He de admitir que tenía cierta curiosidad, y no por la avalancha de gente que por redes sociales me ha pedido la opinión del tema. No deja de ser rompedor que alguien que se presenta como activista ecologista dedique un libro a criticar el vegetarianismo, cuando muchos grupos ecologistas precisamente propugnan comer vegetales como alimentación ecológica, Aparentemente el libro es contradictorio, aunque no tienen por qué, hay muchos ecologistas que comen carne, la diferencia es que no lo ponen en la bio de sus perfiles de twitter como hacen los veganos. En las entrevistas a la autora hacía algunas afirmaciones muy raras, por lo que mejor salir de dudas, leer el libro y juzgar por mi mismo. Le concedí el beneficio de la duda. Craso error. Seguid leyendo y lo entenderéis.

Mercola recomienda este libro. No hay más preguntas señoría.

La tesis fundamental del libro es que la alimentación vegetariana o vegana es antinatural, perjudicial para la salud e insostenible para el planeta. Para llegar a esta conclusión la autora se basa principalmente en su experiencia. No obstante el libro pretende ser de divulgación científica, y en diferentes capítulos analiza de forma presuntamente científica el efecto del vegetarianismo en la nutrición y la salud o el impacto ambiental o social de la dieta vegetariana. Vayamos por partes. La autora es una activista metida en diferentes causas, principalmente ambientales. Durante 20 años fue vegana y según ella eso le produjo depresión y daños irreversibles en la columna vertebral, hasta que tuvo un momento de iluminación por el que se dio cuenta que la alimentación más respetuosa con el medio ambiente era la que se basa en el consumo de animales. Aquí ya chirría todo. La autora analiza mal sus propios problemas. Yo no soy especialmente querido en la comunidad vegana por mis chistes en twitter (releer el segundo párrafo), pero esto no quita que una dieta vegetariana o vegana pueda ser perfectamente equilibrada (la vegana necesita suplementos de vitamina B12). Los problemas de salud que ella se supone que sufrió durante 20 años y que atribuye a su dieta solo pueden ser culpa de una muy mala dieta(vegana o no) o a tener otras causas. De hecho la propia autora afirma que viene de una familia con problemas de alcoholismo y depresión, por lo tanto cuando páginas más adelante ella afirma que por culpa de ser vegetariana tenia problemas de neurotransmisores y que por eso tenía depresiones muy fuertes, uno no puede dejar de pensar que quizás sus problemas de salud tengan un origen genético y no dietético.

La autora Lierre Keith

Creo que ya vais pillando como va el tema de este libro. Aparenta ser un libro científico, pero todo el peso argumental recae en la experiencia y las batallitas personales de la autora. Aparentemente basa muchas de sus afirmaciones en evidencias ya que el libro está plagado de citas… pero ojo, es trampa. Cuando uno va leyendo las citas, en la nota al pie solo encuentra el nombre del autor. Si se le ocurre ir al final y contrastar el nombre del autor citado con la bibliografía lo que se va a encontrar es que la mayoría son fuentes tan poco fiables como Mercola (considerada información basura, el equivalente americano de Discovery salud), páginas web, libros de dietas milagro o informes de grupos ecologistas. Alguien podría pensar que la autora hace un cherry picking en el que elige los estudios que se adaptan a sus ideas, pero es que no llega ni a cherry. Para hacer cherry picking tienes que leer estudios científicos, aquí, ni eso. De hecho la forma en la que utiliza las citas es, digamos, peculiar. Uno de los capítulos básicamente se basa en un libro del gurú de la alimentación Michael Pollan (sí, el que dice que no coma nada que su abuela no reconozca como alimento, o no comer algo que tenga más de 5 ingredientes), donde va comentando y sacando párrafos y citando de carrerilla el mismo libro. En otro capítulo hace lo mismo, pero con un libro de dietas disociativas ricas en proteínas. También hace referencias a temas como la espiritualidad, el feminismo o el patriarcado, aunque no vengan muy a cuento con lo que esté explicando en ese momento.

Destrozando el planeta

¿De dónde surge toda su teoría? Pues sus ideas no vienen a raíz del estudio o la reflexión, sino de la iluminación. De hecho cumple una de las reglas de oro de la pseudociencia: Cuenta una historia bonita y trata de justificarlo con algo que suene a científico, aunque no lo sea. Por ejemplo, ella llega a la conclusión de que comer animales no es asesinar a nadie un día que fue a dar de comer a sus gallinas, nevaba y le cayó un goterón frío por la nuca mientras que las gallinas estaban calentitas en el corral y ella preocupada por que tuvieran su comida, por lo que concluyó que nosotros servíamos a las gallinas y no al revés. La decisión de dejar de ser vegetariana y volver a comer carne le vino por consejo de un terapeuta de Chi Kung, una medicina tradicional china y cuenta como se comió la primera lata de atún en veinte años de forma similar a la escena de los monos y el monolito en 2001… y así todo. Con estos mimbres no es de extrañar que algunas afirmaciones presuntamente científicas sean poco menos que sonrojantes, como decir que el hombre empezó a consumir cereales por que son ricos en opiodies y nos hicimos adictos, que los gorilas son capaces de digerir la celulosa, que las membranas celulares son impermeables, que todas las hormonas derivan del colesterol, que el ganado no consume agua potable por que todo lo devuelven a la tierra en forma de orina que es la misma agua enriquecida en minerales y un largo etcétera que puede colmar la paciencia de cualquier lector. En algún momento habla de historia y cuenta la fundación de la ciudad de Utica, que atribuye a los romanos, pero también es un error, realmente la fundaron los fenicios. De hecho creo que la única cita acertada que hay en todo el libro es en la página 218 cuando habla de la epístola a los romanos de San Pablo.

¿Alimentos de destrucción masiva?

En el libro cae frecuentemente en contradicciones. Por ejemplo en una parte critica los estudios epidemiológicos diciendo que muchas conclusiones que sacan se basan en correlaciones que son simplemente artificios matemáticos, para luego dar por buenas conclusiones sacadas de estudios epidemiológicos… más que cuestionables o de leyendas urbanas, como la paradoja francesa, que la utiliza como argumento de lo buenas que son las grasas animales. En un apartado del libro dice que comer carne de pasto no puede presentar ningún problema porque cuando los animales son libres saben elegir los mejores alimentos, varios capítulos más adelante habla de la enfermedad del trébol que es una enfermedad que sufren las ovejas por pastar plantas tóxicas.

Una imagen no tan idílica

¿Hay algo aprovechable del libro? Pues no. Nada. Y lamento ser tan tajante. Hay aspectos criticables dentro de la cultura vegetariana o vegana, pero ninguno de los que cita en el libro, y luego las alternativas que propone, casi de pasada, son demenciales. Según Keith el principal mal de la humanidad es el cultivo de cereales, principalmente soja y maíz. La autora propone que para salvar el planeta debemos de dejar la agricultura y solo consumir animales y cultivos vivaces. Pasa de puntillas por el hecho que la mayoría de la producción de soja y maíz se utiliza precisamente para dar de comer al ganado, e ignora conceptos como la huella ecológica o la huella hídrica que son indicadores bastante fiables del impacto ambiental de un cultivo o de la comida. El principal argumento a favor de una dieta vegetariana es precisamente que tiene menos impacto ambiental, pero Lierre Keith trata torpemente de demostrar que no es cierto, ignorando el altísimo coste ambiental de las vacas sueltas por el campo, mucho mayor que cuando están estabuladas. Cuando la autora era vegetariana pensaba que eso era lo mejor para el medioambiente, en cambio, ahora que come carne, todos debería comer carne. Parece que no se ha parado a calcular que ella vive en un país privilegiado y puede comer toda la carne que quiera, incluso comer carne de pasto. Si los 7000 millones de personas siguieran la dieta que ella propone (contando que dos terceras partes de la producción mundial se alimentan básicamente de arroz) no habría espacio en todo el mundo para tanta vaca, cerdo y pollo. Por cierto, llega a decir que comerse un plato de arroz es un holocausto porque masacras miles de semillas y las privas de la posibilidad de germinar y reproducirse. De hecho leyendo el libro he recordado alguno de mis muchos debates con activistas en los que ves como desprecian absolutamente cualquier evidencia y reinterpretan la realidad en base a sus creencias. Lo que me da miedo es que gente que piensa estas cosas son activistas de jóvenes y políticos de mayores, y luego son los que votan en el parlamento para aprobar leyes. Así nos va y ejemplos tenemos de sobra, como lo de la leche cruda o lo del CRISPR en Europa. La conclusión final es que ser o no ser vegetariano es una decisión libre de cada uno. Se puede tener una dieta buena y equilibrada siendo vegetariano o sin serlo, pero si tomas una elección, que no sea en base a lo que hayas leído en este libro.

El Mito vegetariano. Activismo disfrazado de ciencia.

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