¿De verdad hay cocodrilos en las alcantarillas de Nueva York?

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Cada semana me dejo caer por Straightope para leer algunas de las interesantes respuestas que el mordaz Cecil Adams dedica a sus lectores. En mi blog os he resumido múltiples post de esta veterana columna, publicada por un gran número de periódicos en papel a lo largo de Estados Unidos, y esta semana haré lo propio con un tema que me ha fascinado desde niño. ¿De verdad existen cocodrilos viviendo ahora mismo en las alcantarillas de Nueva York? Doy por hecho que no, que se trata de una leyenda que ha trascendido al tiempo a pesar de su – a todas luces – inviabilidad. Pero… ¿Cómo nació esa leyenda y por qué ha hecho fortuna?

Cecil nos retrotrae al 10 de febrero de 1935, día en el que el prestigioso diario New York Times incluye un reportaje sorprendente sobre el modo en que grupo de adolescentes de Harlem extrae un cocodrilo de 2,4 metros (y 56 kilos de peso) de la boca de una alcantarilla de este barrio neoyorquino. Supuestamente, los críos encontraron al gran reptil mientras retiraban con palas los restos de una reciente nevada y la acercaban a la boca de una alcantarilla (algo que al “mal pensado” de Cecil le parece sospechosamente cívico dada la reputación de la juventud de la Gran Manzana).

Al parecer los muchachos vieron primero al cocodrilo revolcándose a tres metros bajo el nivel de la calle, en las alcantarillas, por lo que decidieron hacer un lazo con las cuerdas de un tendedero y arrastrarlo hacia la superficie. Siempre según el New York Times, una vez en tierra firme el animal asustado comenzó a sacudir sus poderosas mandíbulas a diestro y siniestro, por lo que el grupo de adolescente decidió golpearlo con sus palas hasta matarlo. El bueno de Cecil ironiza (pasándose por el forro la corrección política hacia la minoría italoamericana, habitante mayoritario de ese barrio del norte de Manhattan por aquel tiempo) diciendo que la muerte del cocodrilo “presagió el destino de numerosos visitantes a Harlem en los años venideros”.

Teniendo en cuenta que los cocodrilos necesitan climas cálidos y luz solar para calentar sus cuerpos, es muy discutible que el animal “viviese” en invierno en el interior de una alcantarilla, por lo que los habitantes locales – ya en aquella época – imaginaron que el cocodrilo debió de escaparse de un buque mercante en el vecino río Harlem, y que de algún modo se las arregló para ascender nadando 137 metros por un colector en busca de refugio. La muerte por hipotermia o por inanición le habría terminado por alcanzar más tarde o más temprano, por lo que las palas de nieve de los muchachos de Harlem simplemente “acortaron” la agonía. ¡Eso si! El espectáculo debió dejar sin habla a quienes pudieron presenciarlo.

¿Y tras eso nunca más hubo referencias a caimanes, aligátores o cocodrilos en la Gran Manzana? Pues no exactamente. Según el libro de Robert Daley sobre las instalaciones subterráneas de Nueva York “The World Beneath de City” (1959), hubo un hombre en 1930 – por tanto antes del episodio en Harlem – que afirmó haber visto a varios cocodrilos prosperando en las tuberías de alcantarillado de Nueva York. El testigo en cuestión se llamaba Teddy May, y al parecer había trabajado como superintendente en el organismo municipal encargado del mantenimiento de la red de alcantarillas de la ciudad. May había escuchado a sus trabajadores en múltiples ocasiones afirmar haber visto cocodrilos durante sus rondas subterráneas por lo que, incrédulo, decidió bajar él mismo a comprobarlo. Efectivamente sus hombres no bromeaban, los animales medían unos 60 centímetros de largo en promedio y aparentemente vivían en los ramales de tubería más pequeños, allí donde el agua fluía más despacio.

Nadie sabía muy bien como habían llegado allí, pero lo cierto es que años antes se había puesto de modo regalar a los chicos crías de caimán de Florida, por lo que dedujeron que algunos padres, cuando los reptiles alcanzaron una longitud demasiado grande y peligrosa, decidieron librarse de las mascotas soltándolas en las alcantarillas. El superintendente May no debía ser un gran amante de los animales, a la vista de la decisión que tomó, ya que ordenó que se les exterminase empleando veneno, e incluso armas de fuego. En unos pocos meses no quedó ni uno vivo.

Y bueno, ese es el origen de la leyenda, que desde entonces y ha prosperado de forma imparable ya que existen innumerables referencias en la cultura popular e incluso literaria, como la que figura en la novela V” de Thomas Pynchon (1963). Con el paso del tiempo, la leyenda se ha ido haciendo más rocambolesca, y en la que domina ahora se afirma que los reptiles habitantes del alcantarillado neoyorquino son albinos y ciegos, como corresponde a cualquier animal que viva en ambientes alejados de la luz del sol.

No pienso bajar a comprobar la veracidad de la historia, pero no por miedo a los caimanes, sino porque encuentro poco o nada hospitalario el ambiente en el que supuestamente viven.

 

¿De verdad hay cocodrilos en las alcantarillas de Nueva York?

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